Pintor Valenciano Alejandro Cabeza

Retrato de Emili Gandia y Ortega, Alejandro Cabeza, Dimas Fernández-Galiano, Emeterio Cuadrado Díaz, Emili Gandia i Ortega, Maximiliano Macias, Marcelino Sanz de Sautuola, Jesús Carballo Garcia Taboada, José Antonio Lasheras
Retrato de Emili Gandia y Ortega

La pintura es reflejo de nuestra cultura, lo que en este momento quizá

La pintura es reflejo de nuestra cultura, lo que en este momento quizá se haya convertido en una aseveración no demasiado prometedora. La pintura es memoria humana y fruto, al tiempo, de nuestra natural inclinación a expresar aquello que nos inquieta o nos conforta,  lo que nos conmueve o alegra. Es un noble arte; la forma de expresión por antonomasia. Al menos bajo la óptica de un pintor, claro. A menudo, parafraseando el popular dicho “somos lo que comemos”, afirmo que también somos lo que pintamos. La pintura manifiesta esa búsqueda incansable del hombre, que suele concretarse en la búsqueda de uno mismo. Posiblemente, la búsqueda de una verdad  casi siempre oculta. En este sentido la pintura se convierte también en una forma de revelación.

 

La pintura puede tomar los caminos más diversos, hasta llegar a sus planteamientos actuales. En realidad esto no tiene gran importancia, porque se trata de distintas vías que confluyen siempre en la búsqueda de la esencia. Decía Aristóteles que “la finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia”.

 

La esencia siempre se encuentra en las cosas más sencillas de nuestro entorno, en las más cotidianas −que no vulgares−. Un niño fascinado por el mecanismo de un nuevo juguete puede resultar evocador. O los pétalos de una flor caídos sobre una mesa, poderosamente alegóricos.